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Editorial

CONAREC y las residencias, mucho más que una simple asociación

Sebastián García Zamora

Revista del Consejo Argentino de Residentes de Cardiología 2016;(137): 0246-0247 


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Los autores declaran no poseer conflictos de intereses.

Fuente de información Consejo Argentino de Residentes de Cardiología. Para solicitudes de reimpresión a Revista del CONAREC hacer click aquí.

Recibido | Aceptado | Publicado 2016-12-30


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Figura 1. Copia del afiche de las I Jornadas interresidencias de Cardiología; Buenos Aires, 1980.

“Dímelo y lo olvidaré, muéstrame y lo recordaré; involúcrame y lo comprenderé”. Proverbio chino.

La instrucción de aquellos encargados de velar por la salud de los demás es antiquísima. Los aprendices de brujos y chamanes de las tribus se “formaban” acompañando a los ya iniciados, y de esa manera adquirían los conocimientos y habilidades de la época.
Con pequeñas modificaciones, esta forma de transmisión del conocimiento de manera no estructurada se mantuvo durante siglos, hasta que en los albores del siglo XI la creación y difusión de las universidades supuso un cambio radical en el proceso de enseñanza-aprendizaje, iniciando el camino hacia una educación formal. Sin embargo, durante mucho tiempo la instrucción de los médicos siguió siendo muy dispar entre las regiones.
A principios del siglo XIX, la educación médica universitaria creció con el explosivo desarrollo de la ciencia en Europa, destacándose las universidades de Francia, Alemania y Austria como pioneras en la materia. Uno de los tantos maestros de la época fue Baron Carl von Rokitansky, quien revolucionó el conocimiento de anatomía y patología gracias a las numerosas autopsias realizadas o supervisadas por él mismo1. Paralelamente, la instrucción de grado en Norteamérica se llevaba adelante en su mayor parte en “escuelas privadas”, las cuales no solían tener vinculación con universidades, y representaban un verdadero negocio para sus dueños2. No existía una currícula mínima, e incluso en ocasiones los estudiantes cursaban más de una vez las mismas “lecturas” –el equivalente a nuestras materias actuales–2. Esto llevó a que muchos profesionales migraran hacia los grandes centros europeos en busca de perfeccionamiento.
En el año 1889 se fundó en Baltimore, Estados Unidos, el Hospital “John Hopkins” con los millonarios fondos donados por el empresario y filántropo homónimo. Dicho hospital convocó para formar parte de su plantel a numerosos profesionales que luego se constituirían en renombradas figuras de la época. Entre ellos destacan el cirujano William Stewart Halsted y el célebre William Osler, quienes se habían entrenado en Alemania y Viena, hecho que influyó claramente en sus ideas formativas3. Tanto Osler como Halsted impulsaron el desarrollo de las primeras residencias médicas de la historia en este hospital, siendo considerados ambos los “padres” de este sistema4. Con algunas modificaciones, el sistema de residencias por ellos implementado perdura hasta nuestros días, y ha llevado a que el 23 de septiembre se conmemore el “día del residente”, en honor del nacimiento del polifacético y controvertido William Halsted5.
De forma casi paralela, pero independiente de estos cambios, se produjo otro suceso que signaría la formación de los futuros médicos de Estados Unidos y Canadá, impactando también a nivel mundial. A principios del siglo XX, la “Fundación Carnegie para el avance de la educación” convocó a Abraham Flexner –quien no era médico, sino educador– para relevar el estado de las escuelas de medicina de ambos países. Luego de visitar los 155 centros existentes, Flexner publicó en 1910 el informe que llevaría su nombre6, el cual es aún hoy objeto de debate. A pesar de que ha transcurrido más de un siglo desde su divulgación, merecen destacarse las principales recomendaciones elaboradas. Flexner sugirió que toda escuela de medicina debía estar asociada a una universidad, incrementar su producción científica –no solo como fuente de conocimiento original, sino fundamentalmente como forma de desarrollar el pensamiento científico y crítico– y disminuir las clases magistrales, incrementando las actividades prácticas bajo el lema “aprender haciendo” (“learning by doing” en el texto original). Flexner propuso que los sistemas de formación no debían ser rígidos e inamovibles, y que convenía que ellos fueran revisados periódicamente, de acuerdo con los avances del conocimiento científico. Entre las principales críticas que recibió este documento se encuentra el haber señalado que existían demasiadas escuelas de medicina, volviendo la carrera más costosa e inaccesible, y que las ideas vertidas no constituían en realidad una verdadera novedad2,7. A pesar de estas disquisiciones, indudablemente el informe Flexner puso en evidencia falencias hasta ese momento soslayadas, y sirvió de catalizador e inspirador para importantes reformas en la materia.
En Latinoamérica, a principios del siglo XX las escuelas cardiológicas de Argentina y México se constituyeron como referentes en la región8, mereciendo ser destacado el profesor Ignacio Chávez Sánchez como figura de influencia y formador de muchos cardiólogos que serían posteriormente “maestros” de la Cardiología latinoamericana9. Si bien Argentina dio origen a innumerables figuras en la materia, ahondar al respecto excede el propósito del presente. Empero, es oportuno puntualizar que las residencias médicas se iniciarían en Argentina casi a mediados del siglo pasado, más precisamente en 1944, como iniciativa del Profesor Tiburcio Padilla de la Universidad de Buenos Aires10.
En lo que a Cardiología respecta, en el año 1983 se crea en nuestro país el Consejo Argentino de Residentes de Cardiología (CONAREC). Si bien comprende diferentes esferas de trabajo, la impronta científico-educativa ha desempeñado un papel preponderante desde sus orígenes. Prueba de ello es que apenas 2 años después de su creación surgió esta revista, la cual se ha publicado desde entonces de manera ininterrumpida, mejorando año tras año. Así, siendo dirigida y editada completamente por residentes, ha sido indexada en bases de datos locales y regionales, representando un motivo de orgullo para todos los integrantes del Consejo.
Sin embargo, la labor de CONAREC no se limita a sus Jornadas, a la concreción de actividades para la comunidad, la confección de registros o el mantenimiento de su revista; desde hace más de 33 años trabaja activamente por el progreso de las residencias que lo componen, habiendo llevado adelante ya 5 encuestas sobre la realidad de los residentes de nuestros país. Este proyecto, como lo fue en su momento el informe Flexner, no persigue un objetivo punitivo, sino muy por el contrario desea facilitar la concreción de modificaciones para alcanzar el más alto nivel formativo.
Desde CONAREC estamos convencidos de que el sistema de residencias médicas es el único régimen capaz de garantizar la adquisición de conocimientos y habilidades para formar profesionales idóneos, que puedan afrontar los desafíos de una ciencia en continuo avance. Para cumplir su rol las residencias no pueden ni deben constituirse en estructuras estancas y rígidas, sino por el contrario trabajar incesantemente en pro de adecuarse a los requerimientos de las nuevas generaciones médicas.
Restan aún realizar mejoras en los programas de residencias para adecuarnos a las demandas contemporáneas de la profesión. Es posible que determinadas estrategias, como la simulación de alta fidelidad para lograr destrezas prácticas, la enseñanza sistemática de bioestadística para adquirir competencias en lectura crítica, o el entrenamiento de habilidades lingüísticas e integración de los aspectos psicosociales de los pacientes sean algunas de las herramientas a considerar. Sin embargo, también es cierto que todo cambio deberá ser reevaluado constantemente, para corroborar que su implementación impacte de la manera esperada.
Por esto, la participación activa de quienes somos parte de las residencias permitirá propiciar espacios y elementos para que los cambios conlleven una formación profesional de excelencia. Citando un antiguo proverbio chino: “si haces planes para un año, siembra arroz; si lo haces para dos lustros, planta un árbol. Si en cambio haces planes para toda la vida, educa a una persona”.

  1. Weyers W. Carl Rokitansky: his life, work, and contributions to dermatopathology on the occasion of his 200th birthday. Am J Dermatopathol 2004;26(5):431-8.

  2. Ludmerer KM. Commentary: Understanding the Flexner report. Acad Med 2010;85(2):193-6.

  3. Kerr B, O’Leary JP. The training of the surgeon: Dr. Halsted’s greatest legacy. Am Surg 1999;65(11):1101-2.

  4. Rosenbaum L, Lamas D. Residents’ duty hours–toward an empirical narrative. N Engl J Med 2012;367(21):2044-9.

  5. Rankin JS. William Stewart Halsted: a lecture by Dr. Peter D. Olch. Ann Surg 2006; 243(3):418-25.

  6. Flexner A. Medical education in the United States and Canada. New York, NY: Carnegie Foundation for the Advancement of Teaching; 1910.

  7. Page D, Baranchuk A. The Flexner report: 100 years later. Int J Med Educ 2010; 1:74-5.

  8. Abel Ayerza (1861-1918), “black cardiacs”. JAMA 1970;211(8):1370-1.

  9. Pérez-Riera AR, Femenía F, Baranchuk A, Valdivia ME. Professor Dr. Ignacio Chávez Sánchez (1897-1979): pioneer of Latin American cardiology. Cardiol J 2011;18(4):469-72.

  10. Tauro N. La educación superior en salud : un abordaje desde los marcos normativos. 1° Edición, Buenos Aires. Editorial: Del Hospital Ediciones; 2015.

Autores

Sebastián García Zamora
Director Revista CONAREC.

Autor correspondencia

Sebastián García Zamora
Director Revista CONAREC.

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Revista del CONAREC, Volumen Año 2016 Num 137

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Revista del CONAREC
Número 137 | Volumen 31 | Año 2016

Titulo
CONAREC y las residencias, mucho más que una simple asociación

Autores
Sebastián García Zamora

Publicación
Revista del CONAREC

Editor
Consejo Argentino de Residentes de Cardiología

Fecha de publicación
2016-12-30

Registro de propiedad intelectual
© Consejo Argentino de Residentes de Cardiología

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